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lunes, 2 de septiembre de 2024

La Palabra de Dios y la Música

 


La Palabra de Dios y la Música: Un Diálogo Profundo

La Palabra de Dios, presente en la Sagrada Escritura, es el centro de la vida cristiana. La música, por su parte, es un lenguaje universal que nos permite expresar nuestra fe y conectar con lo sagrado. La relación entre la Palabra de Dios y la música en la liturgia es profunda y enriquecedora, pues ambas dimensiones se entrelazan para nutrir nuestra espiritualidad.

La Música como Vehículo de la Palabra

  • Proclamación viva: La música convierte la Palabra de Dios en una proclamación viva y vibrante. A través de los cantos, los salmos y los himnos, la Escritura llega al corazón de los fieles de una manera más profunda y memorable.
  • Meditación y reflexión: Los cantos bíblicos nos invitan a meditar en los textos sagrados, favoreciendo la reflexión personal y comunitaria sobre su significado.
  • Memorización: La música facilita la memorización de los textos bíblicos, permitiendo a los fieles llevar la Palabra de Dios consigo en su vida diaria.

La Música y la Homilía

  • Preparación del corazón: Los cantos previos a la homilía preparan el corazón de los fieles para escuchar la Palabra de Dios con atención y receptividad.
  • Profundización del mensaje: Los cantos posteriores a la homilía ayudan a los fieles a interiorizar el mensaje proclamado por el sacerdote.
  • Unificación del mensaje: La música puede unificar el mensaje de la homilía con la vida de los fieles, mostrando cómo la Palabra de Dios es relevante para su realidad cotidiana.

Ejemplos de Interacción entre la Palabra y la Música

  • Salmos responsoriales: El salmo responsorial es un ejemplo clásico de cómo la música se integra a la proclamación de la Palabra. La comunidad responde al salmista, creando un diálogo entre la Palabra de Dios y los fieles.
  • Cantos al Evangelio: Estos cantos preparan a la asamblea para escuchar el Evangelio y subrayan su importancia.
  • Himnos basados en textos bíblicos: Muchos himnos tienen su origen en textos bíblicos, permitiendo a los fieles cantar la fe de la Iglesia.

Desafíos y Perspectivas

  • Selección de cantos: Es importante seleccionar cantos que sean fieles al texto bíblico y que transmitan su mensaje de manera clara y concisa.
  • Adaptación cultural: La música debe adaptarse a las diferentes culturas y tradiciones, permitiendo que la Palabra de Dios llegue a todos los pueblos.
  • Renovación del repertorio: Es necesario renovar el repertorio de cantos bíblicos para que la Palabra de Dios siga siendo relevante para las nuevas generaciones.

En resumen, la música y la Palabra de Dios forman una unión inseparable en la liturgia. La música nos ayuda a escuchar, meditar y vivir la Palabra de Dios de una manera más profunda y significativa. Al cantar la Palabra de Dios, los fieles se convierten en testigos activos de la fe y comparten su alegría con toda la comunidad.

lunes, 20 de abril de 2015

Liturgia de la Palabra



Liturgia de la Palabra


Finalidad:
  • La proclamación de la Palabra de Dios
  • Recibir la Palabra de Dios que se proclama
  • Responder a esa palabra
Contenidos: Ocho elementos constituyen esta parte
  • Primera Lectura
  • Salmo Responsorial
  • Segunda Lectura
  • Aclamación antes del Evangelio (Aleluya)
  • Proclamación del Santo Evangelio
  • Homilía
  • Profesión de fe (Credo)
  • Oración universal

La Música en la Liturgia de la Palabra

Nota aclaratoria: El Salmo responsorial no lo vamos a "tocar" nosotros aquí, por que no le toca a los "chicos del coro" acapararlo, ni mucho menos al que dice que tiene mejor voz, sino que ese ministerio es todo un ministerio aparte del ministerio de música.
El salmista es otro ministro con un oficio distinto al que tú tienes como parte del coro.

1. El Aleluya

   El núcleo de la palabra

¿Que es el aleluya?

Dentro de la clasificación de cantos en la liturgia, este canto esta considerado dentro del grupo de las aclamaciones.

La palabra "aleluya" tiene su origen en una expresión hebrea que significa ¡Alabad a Yahvé! o ¡Alabado sea Yahvé!

El Aleluya es la alegría que se canta a sí misma porque no tiene palabras para expresarse. Se asemeja a ciertas formas de júbilo que hay en todos los pueblos, como un milagro de alegría, de poder estar contentos.

San Agustín escuchó ese cantar sin palabras en los campos y las viñas de su país y predicó sobre ello en forma maravillosa. Es un grito de aclamación a Cristo, Maestro y Señor.

Antiguamente se cantaba alargando únicamente las vocales de la palabra y haciendo variaciones melódicas sobre ellas:

   Aaaaa,leeeeee,luuuuu, yaaaaaaa

En el siglo VIII se agregó un verso de alabanza tomado de un salmo del Evangelio o cualquier otro texto de la Sagrada Escritura.

El aleluya indica, en Misa, que hay que prepararnos a escuchar a Cristo en el santo Evangelio.

¿De dónde se obtienen estas frases?

Las frases que son cantadas en la parte intermedia del Aleluya son de la Sagrada Escritura y se encuentran en el libro llamado Leccionario, el cual propone los versos especiales para cada domingo ordinario y también una colección de versos comunes que se pueden utilizar en cualquier domingo del mismo tiempo litúrgico o en las ferias de entre semana.

El Misal mensual y los Propios mensuales traen la frase de una manera muy fácil de encontrar.

¿Quién canta el aleluya?

Toda la asamblea reunida debe cantar el Aleluya, así toda la comunidad expresa su alegría. Todos deben participar del gozo de tener un encuentro fuerte con el Señor, que habla. Es toda la asamblea que se pone en marcha hacia el Señor, aclamando con entusiasmo, dentro de un ritmo comunitario y coral.

Por eso no se vale convertir el Aleluya en un canto de estructura similar a la de un salmo responsorial, así como tampoco dejarlo de cantar.

¿Cuál sería la forma ideal de cantar el Aleluya?

Con alegría y con gozo, en una postura de pie y atención. Con una distribución del canto de la siguiente manera: inicia un solista o un pequeño coro cantando ¡Aleluya!, enseguida la asamblea contesta: ¡Aleluya!, posteriormente la asamblea canta el versículo y todos repiten Aleluya para terminar.

Así sería la forma ideal de cantar el Aleluya. Es así verdaderamente otro de los cantos llamados, "interleccionales" -el otro canto interleccional es el salmo responsorial-.

La asamblea que antes ha escuchado, meditado y sentido, ahora aclama jubilosa al Señor. Sin embargo, si no es posible que la asamblea sepa y ensaye el verso intermedio, pues que lo cante el pequeño coro o un solista.

¿Siempre se canta el Aleluya?

No. Durante el tiempo litúrgico de la Cuaresma se omite la palabra "Aleluya" y un verso breve de carácter aclamatorio lo reemplaza.
Nosotros conocemos este verso como Honor y gloria a Ti, Señor.

Debemos tomar en cuenta también lo que la Introducción General del Misal Romano señala cuando se refiere al Aleluya en el número 39. Dice "si el Aleluya no se canta puede omitirse". Otras opiniones calificadas recomiendan que debe omitirse si no se canta. Sin embargo, nosotros como músicos hemos de procurar que siempre se cante de la mejor manera posible.

El Aleluya es un canto que debemos cantar todos.


2. El Credo



   Síntesis de la fe proclamada



El Credo es la profesión de fe de la Iglesia. Es una respuesta a la Palabra de Dios. Tiene un valor de tradición que expresa la unidad de la Iglesia en la misma fe.



   Los domingos y las solemnidades hay que "gritar" esta fe con mucha devoción y pasión. Es nuestra fe. Es en lo que creemos. Es lo que en esencia somos, lo que nos identifica, lo que nos hace hijos, hermanos, Iglesia.



   Antes -mucho antes-, esta profesión de fe se cantaba con frecuencia... pero en nuestros días, cantar el Credo es casi casi una posibilidad nula. Razones de tiempo, de dificultad para musicalizar un texto tan largo y tan bello de una manera sencilla, de modo que lo pudiéramos cantar todos, imposibilitan que hoy día se cante los domingos o en las solemnidades. Esto sólo algunas ocasiones lo vemos y escuchamos ahora transmitido desde el Vaticano por televisión.



   Sin embargo debes saber que el Credo es lo que eres... es tu razón de ser... que antes se cantaba pero que, hoy, hay que recitarlo de forma convincente, viva, enérgica y encarnada.



   Si lo cantas... sólo cuida que todos lo canten, porque esta profesión de fe es de todos. Puedes hacerlo de manera alternada por un solista y el pueblo, o bien por dos coros.

jueves, 16 de abril de 2015

Esquema general de un acto liturgico



Todos los actos litúrgicos constan de cuatro partes fundamentales:

a) Ritos iniciales
b) Liturgia de la palabra
c) Liturgia propia del sacramento (en este caso de la Eucaristía)
d) Ritos conclusivos

Con esto vemos que todo acto de culto litúrgico tiene un momento de inicio, una bienvenida, un saludo.

Una proclamación de la Palabra de Dios.

Su propia liturgia... es decir, sus propias formas, momentos, palabras y actitudes especiales para celebrarlo. Por ejemplo, el rito del matrimonio o el rito del bautismo no se llevan a cabo de la misma manera. Cada uno tiene su propio ritual.



Y por último, todos estos actos tienen su forma especial de concluir, de continuarse en la vida diaria.

Tentaciones musicales en la liturgia



En todos lados hay tentaciones. Unas muy dulces, muy bellas,, muy simples, muy sutiles, muy serias, pero al fin y al cabo tentaciones.

En la liturgia son muy frecuentes y son bastantes, sin embargo solo tocaremos tres, consideradas de las más peligrosas, en las que hay que poner todo el empeño posible para tratar de evitarlas o por lo menos no dejar que nos toquen tan seguido.

1. La tentación del "Yo lo sé todo"

Esta es muy propia del líder o los lideres del grupo. Nadie puede hacer ninguna observación. Cuidado con caer en esta tentación, hasta este momento debemos reconocer que hay muchas cosas de liturgia que no saben y que deben saber por ser ministros del canto. Que hay muchos datos, documentos, directrices, normas que deben conocer y aplicar para cantar en Misa y que francamente no tienen ni idea de lo que piden e indican.

No es malo saber todo, lo malo es que no quieras aceptar tus debilidades y tus limitaciones.

Estas deficiencias hay que aceptarlas por el lado positivo, a la larga te nos van enseñando a encarnar la humildad. Vamos aprendiendo a conocernos y a pulir nuestras cualidades. Entendemos que todos nos necesitamos y descubrimos en nuestros hermanos el valor que ellos tienen. Comenzamos a descubrir cómo el Espíritu Santo actúa en todos y es para todos. Comenzamos a darnos nuestro justo valor y damos a los demás el valor que tienen.

Por otro lado vemos que no estábamos tan solos como creíamos. Cuando descubrimos nuestros limites y a tocarlos, nos damos cuenta que ahí es justo donde empiezan las manos amigas.

Cuantos coros se desintegran por la necedad de darla cabida a esta tentación en medio de ellos. Cuantos de estos líderes "sabelotodo" acaban por destruirse a sí mismos y a los miembros del coro.

Debemos practicar el que todos opinen, que todos hablen, que puedan escucharse... Hay tanta riqueza en cada uno de los que forman parte de ese coro, que imaginar esa armonía cantando en una celebración cambia de modo radical la unción de los cantos.

2. La tentación de poner en práctica "lo más fácil.

"Lo práctico en enemigo de la liturgia"

Un verdadero ministro no puede tener una mentalidad "light" o vivir ese ministerio de la manera más fácil. 
El mundo trata de hacernos creer eso, que para ser "moderno" hay que ser "light" y que en las cosas de la iglesia... mmm... ¿por qué no también?...

Esta tentación nos ha llegado y nos ha pegado tan fuerte que hoy día queremos participar en Misas "light", de esas que "duren" poquito tiempo; tener una fe "light", de esas que no comprometen y no quiten tiempo: caminar con una esperanza "light", que "al cabo al último me arrepiento y ya"; amar con caridad "light", es decir, cuando yo quiera, me convenga y se ajuste a mis necesidades.

Los músicos en la liturgia no estamos exentos de esto: nuestros ensayos son light. No ensayamos como deberíamos. No le damos tiempo a la labor musical que tenemos que hacer como verdaderos profesionales.

Cuando decimos ensayar, queremos que sea un ensayo rápido, más bien dicho un "ensayito", porque nos aburre eso de estar repitiendo y repitiendo hasta que salga bien. Cuando elegimos un canto queremos que sea lo más "facilito" posible por que no nos sabemos otras pisadas en la guitarra que las del círculo de sol.

Caer en esta tentación nos priva de algo maravilloso que es la superación de nuestras deficiencias. Nos priva de sacar lo mejor de nosotros mismos. Le priva al pueblo de Dios reunido de elevar su espíritu a dimensiones desconocidas.

3. La tentación del "me vale".

Quizá esta es la peor de todas las tentaciones. Es la tentación de no aceptar que el otro tenga un poco de razón en lo que dice y aunque la tenga, pues de todos modos no la aceptamos, ni damos el brazo a torcer: ¡me vale!

Reconoce que siempre va a haber alguien que sabe más que tú y que sabrá guiarte, que podrá guiarte..., pero reconoce que también siempre habrá alguien que sabe menos que tú, a quien deberás echarle la mano con responsabilidad.



Con una actitud de "me vale" puedes estar dejando de ser luz para muchos que necesitan que los ilumines.

Lo que no va en la liturgia



Ahora veremos algunos aspectos que toda celebración litúrgica rechaza en cuanto a música y cantos se refiere.

1. Parodias, nunca en la liturgia.

Definamos lo que es una parodia con términos sencillos: parodiar es ridiculizar con algo que fue creado para otro fin. Parodia es usar una parte de algo que ya estaba hecho y sustituir esta parte con otra, para darle otro sentido diferente del original. En otras palabras, podríamos afirmar que hacer una parodia es como "robarnos" algo que le pertenecía a otro. Por esto la liturgia no lo acepta, porque ella no necesita tomar algo y modificarlo intentando darle otro sentido para que pueda ser usado dentro de las celebraciones. Para eso cuenta con el Espíritu Santo, que hace original todo el asunto y da abundantemente a sus hijos músicos toda la capacidad creativa.

Cuando nosotros escuchamos la "musiquita" de tal o cual canción, nuestro cerebro se conecta inmediatamente con el original, nos revela enseguida el sentido con el que fue creada y nos lo asocia con el momento "x" en el que nos impactó, nos impresionó, nos emocionó, nos motivó.
Si tu misión como músico en la liturgia es favorecer el encuentro con el señor... las parodias estorban en una celebración y hay que arrancarlas de la liturgia. Las parodias nos hacen daño a todos y en los actos litúrgicos no tienen nada que hacer. 

2. Concierto, nunca en las celebraciones.

La función de un músico en la liturgia es hacer que el pueblo cante

Acompañar el momento celebrativo que se esta viviendo y practicar el mandamiento de "no estorbarás" a tus hermano reunidos, mucho menos acallar sus voces o impedir que canten contigo.

La liturgia no acepta "estrellitas" que se sienten artistas de primera categoría y grandes maestros de la música. No, porque no es el lugar para lucimientos personales, para acaparar la atención de los asistentes o para sentirse un ser de otra galaxia que nos hace un favor al cantar "para" nosotros.

En la liturgia, todos somos pueblo, un pueblo que tiene sus participaciones bien definidas, un pueblo que camina unido, donde no se vale que alguno se sienta el cacique o el único. En la liturgia la música es la vida misma de la celebración y tiene que estar siendo inyectada por toda la asamblea reunida. Cristo cantando en todos y todos cantando con Cristo.

Claro, hay momentos en los que la participación musical permite que los grupos, coros o instrumentistas hagan uso particular de su talento. Sin embargo, esto no puede ni debe suceder siempre. Lo que si debemos procurar siempre es que el pueblo cante lo que le toca y no deje de cantar sólo porque algún coro mal informado se "adueñe" de esos momentos.

Es muy recomendable el ensayar con el pueblo, esto te permitirá hacer cantos diferentes a los de siempre, no tengas pena ni vergüenza el hacerlo, no caigas en la tentación de sentirte ridículo y de sentirte "bicho raro" por lo que hagas. ¡Esa es parte de tu tarea! Es parte de los requisitos que debe llenar el perfil de un buen músico litúrgico.

No hagas lo malo que muchos hacen sólo porque les da pena; llegan tarde, no tienen ganas de cantar, les da miedo, no quieren que otros canten, cambian cada ocho días el esquema e inventan no sé que tantas y tantas cosas hasta conseguir que esta participación que al pueblo le toca vivir, ¡enmudezca!

3. ¡Improvisaciones, nunca más!

No se vale dejar todo a última hora.
En el caso de los jóvenes que cantan en Misa, cuántas y cuántas veces nos damos cuenta que ya es la hora de que comience la celebración y ellos todavía no han afinado guitarras, no tienen acomodadas las voces... Va iniciando la procesión de entrada y ellos ¡no saben ni que van a cantar!

Es fascinante ver los rostros de algunos llenos de angustia por esa razón. Miran a todos lados preguntándose "¿cuál cantamos?" Y como nadie responde -ni el director porque todavía está afinando- el más intrépido, el  o la del pandero dice con voz firma y mano temblorosa: ¡la misma! Que comience la celebración...

Esto ya no se vale. Estamos dándole de lo que "nos sobra" al Señor. Él nos da todo a cada instante y cada día. Él se nos está dando todo en la Eucaristía y nosotros solamente, al cantar, le damos lo que nos sobra. Si nos sobra un poco de tiempo en la reunión del sábado... pues, ensayamos. Si nos sobra algo de talento musical... pues componemos. Si nos sobra algo de entusiasmo para preparar los esquemas de cantos... pues lo compartimos. Si nos sobra algo de vida para ponerla en las manos de Dios... pues ahí nos vamos.

Cuando un coro se presenta a celebrar con sus hermanos en la fe que dice tener, ya se ha preparado, ya ha ensayado, ya ha estudiado la celebración en la que va a participar, ya está en comunicación con el sacerdote y el resto de ministros del equipo de liturgia; cuando ya ha afinado sus instrumentos, tiene correctamente colocados a sus integrantes y afinados sus instrumentos; todos tienen el esquema de los cantos a la vista, están en su espacio, lo cuidan y lo respetan... ¡eso va a sonar bien! O por lo menos va a sonar "diferente".

Comenzarán a tiempo, terminarán a tiempo, cantarán donde deben y guardarán silencio donde la liturgia lo exija. Estarán en comunión y no serán un mero adorno. Estarán participando con una comunidad y no quedarán simplemente reducidos a -como dicen algunos en son de ofensa- "mariachis contratados" para sacar adelante "un numerito" Debes saber que:

Participar en una celebración no es cumplir con un contrato, aunque te hayan "contratado" para cantar.

4. Cantos de evangelización, nunca.

Muchos cantos que existen en la Iglesia no son creados para la liturgia. Es decir, son cantos inspirados en Dios, en la vida, en la muerte, en virtudes y sentimientos bellos y nobles como el amor, el perdón,  la amistad, el cariño, la ternura; pero no responden por muy hermosos que sean, a lo que las normas y los momentos litúrgicos exigen.

¿Qué hacer con esos cantos en la misa? ¿ Los podríamos cantar? ¿Los desechamos? A estas alturas ya te estarás dando cuenta de que la participación del pueblo es muy importante en Misa y que un canto, para que sea litúrgico, debe responder a las normas y a los momentos que se viven dentro de ella.

Todo tiene un orden y no puedes olvidar que e el orden está Dios.

Lo ideal es que los cantos compuestos para los momentos de evangelización no sean llevados a los momentos propiamente litúrgicos. Que no se canten ahí, a menos que, una vez analizados litúrgicamente, se consideren apropiados para algún momento y respondan a la necesidad de la comunidad celebrante.

Estás canciones propias para la evangelización tienen un objetivo muy particular: sirven para animar la fe, para contagiarla, para anunciarla, para presentarla, para estimularla, para alegrarte con ella, para compartirla... Los cantos e himnos litúrgicos tienen otro fin, mucho más profundo y espiritual: son ¡para celebrar la fe!

Ellos quieren ponerte en la presencia de Dios, en contacto íntimo con Él. Te ayudan a soltar desde lo más profundo de ti tu propio canto, tu propia canción: como dicen por ahí: "te elevan" y elevan hacia Dios lo más hermoso de ti mismo.

Los dos tipos de cantos son bellos: proceden de la misma fuente, ¡claro! Sin embargo dale a cada uno su lugar y su espacio y podrás comprobar que el sabor de cada uno de ellos será dulce e inconfundible!

Recuerda que las normas litúrgicas nunca van a cortar las alas a nadie, ni van a mutilar canciones nada más por que sí, sino que les van a dar plenitud.

PISTAS PARA ANALIZAR UN CANTO Y SELECCIONARLO COMO LITÚRGICO O NO

El canto que tú decidas someter a este test habremos de analizarlo bajo tres aspectos esenciales. No podemos quedarnos meramente con un solo tipo de análisis, porque nos quedaría incompleto y conforme vamos analizándolo en sus tres aspectos, nos resulta más rápido y fácil de discernir de qué tipo de canto se trata.

Análisis general:
  1. ¿Cómo se llama la canción?
  2. ¿Quién es el autor o autores de ella?
  3. ¿De qué habla el canto... cuál es su tema general?
  4. ¿Dónde lo escuchaste?
  5. ¿Quién lo interpreta?
  6. ¿Qué sentimiento te inspira?
  7. ¿Por qué lo quieres cantar en Misa?
Análisis musical:
  1. ¿Su formula melódica es sencilla? (¿Es pegajosa, fácil de cantar para todos?)
  2. ¿Su fórmula armónica la sabes? (¿Sabes tocar la canción como es, o te la estás inventando?)
  3. ¿Para que instrumentos fue compuesta?
  4. ¿Con cuáles instrumentos la vas a tocar?
  5. ¿Los instrumentos que vas a usar están aprobados por el Obispo de tu diócesis?
  6. ¿El equipo que vas a usar está en perfectas condiciones técnicas?
  7. ¿Los instrumentos están afinados a la altura de las voces?
  8. Si usas instrumentos electrónicos, ¿has hecho prueba de sonido en la parroquia?
  9. ¿Los arreglos corales e instrumentos son buenos, ayudan a la oración o estorban?
  10. ¿Se escucha perfectamente la letra del canto y no se tapa con los instrumentos?
  11. ¿Se cantará al unísono, en forma responsorial, con un solista o de manera polifónica?
Análisis litúrgico:
  1. ¿En qué celebración litúrgica la quieres cantar? ¿En Misa, en alguno de los otros sacramentos, en la Liturgia de las Horas o en algún sacramental?
  2. ¿Es una composición para el ordinario de la Misa?
  3. Si es para el ordinario de la Misa, ¿respeta el texto "oficial" litúrgico?
  4. ¿Es una aclamación, un salmo, un himno, un canto deprecatorio, un canto suplementario o a qué grupo de cantos litúrgicos pertenece?
  5. Si es para cantarse en Misa, ¿cuándo se puede cantar: durante la comunión, la presentación de dones, entrada...?
  6. ¿A qué tiempo del año litúrgico pertenece: Pascua, Cuaresma, Navidad, Adviento o Tiempo Ordinario?
  7. ¿Es para alguna solemnidad especial?
  8. ¿De donde está tomado el texto: de la Biblia, del Leccionario, de algún documento especial, es Palabra de Dios o de hombre? ¿Tiene su referencia?
  9. ¿Cuál es la idea fundamental de este texto?
Es muy posible que por el momento si es que vamos comenzando en esto, no podamos responder muchas de las preguntas, pero con el tiempo y dedicación lo lograremos. Por lo pronto, no utilices cantos para la evangelización en la liturgia, por que ahí no van.

5. Nunca participaciones sin unción.

Es muy triste ver que en algunas celebraciones eucarísticas, los menos ungidos, los menos tocados por Dios, los más incongruentes entre lo que están diciendo y lo que están haciendo y viviendo, son los chicos del coro.

Que dolor da escucharlos cantar tan fríos, tan de "huesos secos", tan apáticos, tan hipócritas... No, no te ofendas, no es con afán de decir que tú lo eres.

Cantan juntos como hermanos, miembros de una iglesia... y la verdad es que viven solos: ni juntos, ni hermanos, sólo como miembros de su coro, miembros de sus intereses personales en ese coro -porque ahí está el chavo o la chava que "me late"-, miembros de su propio círculo y eso de hacer iglesia... mmm... como que no les va.

Que triste vivir así. Que triste no acabarnos de darnos cuenta de cuánto hemos perdido por estar acostumbrados a hablar sin conciencia, sin percibir que lo que decimos nos compromete, que lo que cantamos no es mero espectáculo, que lo que decimos y cantamos Alguien lo está escuchando.

Luego, como en la mayoría de los casos, los del "coro" son tratados y se dejan tratar como objetos de lujo, intocables, necesarios... pero ajenos, comenzamos a tomar actitudes que no nos quedan muy bien como auténticos ministros. Comenzamos a creer que somos los mejores, que somos los únicos, que nadie canta como nosotros, que nadie nos puede usurpar el lugar que ya tenemos en esa Misa, que con nadie nos tenemos que mezclar.

Comenzamos a pedir y en muchos a exigir, perdiendo de vista que sólo estamos para servir. Comenzamos a imponer, a no escuchar, a criticar, perdiendo de vista que existimos para alabar.

No cantes por cantar... te comprometes. No vivas por vivir... es muy triste. No hables por hablar... puede ser que nadie te crea. No te "eleves" más de lo que eres... te puede doler mucho la caída... mejor sirve, es tan sencillo... cíñete una toalla a la cintura y sirve...

Y si sirves para alabar, para hacer que tu comunidad alabe a Dios... déjate tocar por Él mismo. Que por tu boca salga su voz, que por tus ojos mire el Espíritu, que por tu canción sean tocadas muchas almas. No cantes jamás sin Dios en una celebración de fe... que no se te vea así. Que tú seas el animador, el músico que se "pone al frente del ejército" y lo hace avanzar con pie firme; que tú seas el que sostenga con su música y su testimonio la esperanza de los demás; que cuando todos te vean y te escuchen puedan decir con certeza: "¡Dios está aquí!... verdaderamente está aquí".

Para cantar en Misa debes ser un buen músico litúrgico



Uno de los bemoles que en ocasiones encontramos en las escuelas superiores de Música Sagrada es que en ellas se aprende, se aprecia, se cuida y se cultiva el gusto por la interpretación de las grandes obras musicales compuestas  a lo largo de la historia para la liturgia y para la cultura general. 

Sin embargo, con frecuencia encontramos también que la carencia o el exceso de programas académicos y la rutina o las exigencias por cumplir dichos programas, hacen que estas escuelas cubran únicamente el aspecto técnico del asunto. Cuando se les escucha participando en la celebración -generalmente sucede eso-, queda en el ambiente el "olorcito" de que no todo esta bien como se plantea y de que no concuerda la teoría con la practica. Se escucha hermoso pero en la música litúrgica lo bello no basta. 

A continuación a sugerencia de la escritora Blanca Sánchez Gil, se presentan algunas características que debería tener un músico litúrgico o aquel que cante en Misa:

  • Es una persona de fe
Es decir, es una persona que cree con todas sus células en Dios y en la Iglesia. Una persona que cree en el poder divino que canta en ella misma. Una persona que no se turba con nada y se sostiene ante todo. Una persona que está plenamente consciente de lo que esta haciendo. Que esta viva y cree que este regalo de la música en su corazón no lo recibe porque lo merezca, sino por que es amada en su debilidad. Es alguien que hace un acto de voluntad y generosidad para donarse a la fe, rompiéndose al egoísmo solamente porque cree. Es una persona que sabe perfectamente que al elevar su canto en la liturgia, alguien la esta escuchando.

  • Es una persona de oración
Hay música que no le agrada escuchar al Señor. Jesús "detesta" ciertas músicas en boca de los hombres (Mc 7, 6-7; Is 29, 1-3; Am 5, 22-24; 6, 4-6; 8, 10). Su atento oído escucha todo y conoce la intención de todo. Quien canta en la liturgia solamente por cantar, solamente por ganar un estipendio económico, solamente por destacar sus cualidades, solamente por lo que sea y no hace de su canto una verdadera oración, creo que está equivocando su camino y vale más que lo reflexione, antes de que tenga que dar cuentas de su corazón y de su acción.

  • Es una persona competente
Es decir, es una persona que tiene calidad. Que sabe hacer bien lo que está haciendo. Que hace a cada instante un esfuerzo por vencerse a sí misma  en su mediocridad y trata de superarse técnica y espiritualmente. Que recuerda que "La alabanza corresponde al sabio" (Eclo 15,10). Que no se conforma nada más con "presentarse" a una celebración y "sacarla" como se pueda, sino que reconoce sus limites y procura superarlos. Es una persona que no se conforma con su mediocridad, sino que busca como derrotarla. Es una persona que tiene calidad también en su vida. Que sabe que hay que dar un "extra" y no se amedrenta, sino que tiene el coraje suficiente para hacerlo y tratar de vencerse sí misma.

  • Es una persona con capacidad para trabajar en equipo
Es decir, ¡es una persona libre! No tiene las ataduras de los complejos o del egoísmo. Sabe lo que tiene, sabe lo que es, sabe por quién lo tiene y para qué se lo dieron. Presta, da, ofrece, colabora, participa, se integra y convive con los demás miembros del equipo de liturgia. No es el clásico músico que piensa que su voz y sus canciones son las únicas "ungidas", las únicas que vale la pena que el pueblo "escuche". 

Un músico litúrgico, un coro que cante en misas o un organista que participe en ellas debe estar integrado al equipo de liturgia de la parroquia. No puede ni debe andar solo. Recuerda que la Iglesia es 100% ministerial y lo que tú haces al cantar en Misa es ejercer un ministerio, el ministerio del canto en la celebración. Por lo tanto no puedes estar ajeno a todos los otros servicios que se están prestando ni puedes estar ausente en la preparación de esa celebración, por que tú estás en equipo con todos.

Cabe decirte aquí que los músicos que se precien de ser litúrgicos no se sienten dueños del "escenario" (que no lo es, por supuesto) ni de ninguna celebración. (¿Has oído aquello de "mi Misa", o has caído en la trampa de enojarte cuando alguien participa en "tu Misa" o quiere "robarte" tu tiempo de cantar?)

Ya basta de estar haciendo numeritos de verdaderas guerras "escénicas" entre coro y presidente de la celebración, o entre coro y otros ministros. Ya basta de no dialogar y de no poner al servicio de la celebración lo que a cada uno le toca. 


  • Es una persona con capacidad para transmitir un mensaje
Algo muy técnico: sabe cantar, sabe usar un micrófono, sabe hablar bien y pronuncia correctamente las palabras cuando canta, tiene por lo menos un timbre agradable en su voz y practica las técnicas de vocalización y respiración apropiadas para hacerlas "lucir" más. ¡Es entonado o entonada!, es decir que, como requisito mínimo tiene alguna calidad de afinación en su voz, por lo menos la reconoce y sabe distinguir cuando su voz no reúne esos requisitos.

Hay muchos amigos de "buena voluntad" que solo tienen eso: buena voluntad para cantar, pero no pueden hacerlo por más que lo intentan y lo practican. Ya es algo que "no se les da". Cuando eso ya no se da... es mejor reconocerlo y tratar de servir en otro ministerio dentro de la celebración.

Esto lo digo por lo siguiente: un buen cantante o un buen grupo puede hacer que toda la celebración sea más viva, más plena, más rica. Hace que toda la asamblea se "conecte" en ese encuentro espiritual con Dios. Favorece la celebración y ayuda a crear el ambiente que ella misma necesita y requiere. Pero un mal cantante o un grupo desafinado y sin ninguna noción musical puede echar a perder toda la preparación de una celebración. Puede "sacar" al pueblo de ese encuentro y distraerlo. Hace que toda la asamblea se canse y rechace cualquier mensaje que se pudo haber reafirmado con el canto.

Algo más profundo: ya aclaramos que durante las celebraciones litúrgicas Cristo esta ejerciendo su sacerdocio y estamos actualizando el Misterio pascual: pues bien, si no has asimilado en tu vida el mensaje que vas a transmitir, dime cómo vas a lograr decirlo, contagiarlo, impregnarlo en el corazón de tus hermanos. ¿Cómo vas a usar el poder de la música para sembrar el Evangelio, la palabra de Dios, si tú mismo no la conoces, no la interiorizas, no la vives...?

  • Es una persona humilde
Es decir, no se hincha, ni se envanece. Pero no sólo esto, sino que sabe que lo que hace, lo hace bien por el Espíritu que lo esta asistiendo. Porque Dios así lo ha querido y porque a lo que el mismo Dios le ha dado, le ha puesto de sí toda su voluntad y su corazón. Reconoce que el talento que tiene es suyo, pero sabe quién se lo dio y no lo pierde de vista; por el contrario, cada día que pasa agradece haberlo recibido y tenerlo para servir y hacer que su paso por esta vida haya valido la pena. Toca perfectamente sus limitaciones y sus debilidades; ve con profundo corazón que es amado o amada por encima de ellas. Que aún a sabiendas de lo que es, lleva un "tesoro en vasija de barro".

La humildad es tener en justa balanza las cualidades y los defectos, reconocer lo que hacemos bien, sin perder de vista que no somos perfectos.

Cantar en Misa exige que conozcas las normas litúrgicas


Es necesario saber que el Magisterio de la iglesia tiene documentos importantes y muy interesantes acerca de la música en la liturgia, los cuales existen para bien de los que participamos en algún ministerio dentro de la liturgia y para bien de todo el pueblo. Estos documentos nos dan los lineamientos que se deben observar para que nuestro actuar dentro de la celebración sea más pleno, más digno y más bello. Hay que tener en cuenta que las normas que contienen no son para cortar las alas de los intrépidos compositores, de los aventureros o de los creativos, sino más bien para darles orden y plenitud. Recuerda que en el orden esta Dios y esto nos debe acercar más a estas normas y aplicarlas en nuestro quehacer diario del canto en misa.

Existe un documento básico que se debe conocer y manejar. Es el primer documento que se aprobó en el Concilio Vaticano II; Sacrosanctum ConciliumDe este documento, que trata sobre la liturgia, debemos estudiar muy especialmente el capitulo VI, que habla de la música sagrada o música litúrgica.  La Iglesia vio nacer este documento en 1963, cuando su Santidad Juan XXIII promovió la idea de iniciar una reforma en la Iglesia.

Sin embargo no es lo único que el Magisterio de la Iglesia ha ido publicando y estudiando después del Concilio Vaticano II.
Sacrosanctum Concilium es el documento base para otros muchos documentos acerca de la música litúrgica que han nacido posteriormente, como por ejemplo: Musicam Sacram en 1967 y los propios de cada Conferencia Episcopal.

¿Los conoces?. Solo date cuenta que uno de los grandes problemas que tenemos los adultos y jóvenes que cantamos en Misa, es que solo tenemos buena voluntad, pero nos falta conocimiento.

Cantar en misa exige que vivas de otra manera

La misa es uno de los actos de culto litúrgicos con los que la iglesia celebra el Misterio pascual de Jesucristo.

Ten conciencia, la misa es la presencia viva de Dios hecho alimento para todo su pueblo, la presencia de Dios en su palabra, y en la persona del sacerdote. Es la presencia de Dios en la comunidad, en la Asamblea reunida que canta, responde, se alegra, se congrega y vive el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, por tanto, la Misa es la más excelsa de las celebraciones litúrgicas que forman parte del culto católico.

Que es liturgia?
Liturgia es una palabra de origen griego que significa "obra o quehacer público". El magisterio de la iglesia la define como: "El ejercicio del sacerdocio de Jesucristo en su Iglesia hoy a través de signos sensibles con los que el hombre da Gloria a Dios y se santifica en comunidad.

Es decir que Cristo mismo esta activo, nos habla, nos bendice y se da a nosotros, es Dios que nos salva en cada celebración.
Cada vez que participamos en cualquier celebración litúrgica actualizamos el Misterio Pascual del Señor, lo hacemos presente, realidad, hoy.

Es por eso que cuando cantas en misa, es Cristo mismo quien canta las alabanzas al Padre y nosotros únicamente prestamos nuestra voz. Cristo sigue actuando hoy a través de signos sensibles como lo es la música. Con ella das Gloria al que todo se merece y por medio de ella te puedes hacer cada día más santo en el servicio a tu comunidad y ayudar a que la comunidad se santifique con tu oración cantada.

He ahí la importancia de saber lo que estamos celebrando, si tenemos conciencia de eso no estaremos cantando por cantar, sino que tendremos la unción para cantar.

¡Cantar en misa exige que seas tú mismo para que Cristo actúe en ti!

¿Por que en muchas ocasiones dejamos de ser nosotros mismos?, dejamos de ser hijos necesitados del Padre y nos presentamos en las celebraciones como meros artistas de un espectáculo.

Debemos ser congruentes en nuestra vida, no podemos cantar "juntos como hermanos" y no amarnos entre nosotros mismos. Recuerda que a Dios no lo podemos engañar, debemos intentar cambiar, ser diferentes y vivir intentándolo. 

Bienvenida, cantando en misa una gran responsabilidad

Hola hermanos en Cristo, es un gusto saludarlos, seguramente vienes del blog http://ministeriolaudatosi.blogspot.mx/, si es así bienvenido estamos reorganizando los contenidos del mismo para que sea más fácil accesar a determinada información y para que este disponible para más usuarios y si entraste directamente también te damos la bienvenida, aquí encontrarás material teórico para que conozcas más acerca del ministerio de la música dentro de la eucaristía y de esta manera sea un instrumento de ayuda para ti, si es que perteneces a un coro y/o ministerio de música, quieres formar alguno y deseas conocer más acerca de este bello apostolado, o bien, para cualquier persona que tenga interés en conocer más del tema. Para los siguientes consejos nos apoyaremos en algunos libros: El  canto de Dios de (Roberto Duretti), y Como cantar en misa de (Blanca Sánchez Gil).

Bueno pues comencemos, primeramente debemos tener conciencia del servicio que estamos prestando, valorar de verdad la celebración Eucarística, si no logramos comprender esto, únicamente estamos cantando por cantar, debemos tener también el deseo de superarnos, tanto en el aspecto litúrgico como en lo musical, no debemos caer en la mediocridad, es triste ver a los coros sin idea de lo que están haciendo, con muchos errores que lejos de buscar una conversión de la persona y el encuentro de esta con el señor hacen lo contrario.

No basta con tener una voz bonita, o tocar de maravilla, si de verdad tenemos el deseo de servir correctamente debemos tener el deseo de conocer y acatar ciertas reglas que la iglesia nos muestra, con el único fin de que como se dijo anteriormente, exista un verdadero ambiente propicio de encuentro con nuestro Creador.

También es necesario comprender que existen dos canales o vías musicales, y debemos aprender a diferenciar la una de la otra:

  • Música litúrgica
  • Música para la evangelización
La primera como su nombre lo dice es específicamente para la celebración Eucarística, mientras que la otra es utilizada fuera de la celebración, como pueden ser encuentros juveniles, conciertos de evangelización, etcétera, por lo tanto y como ya decíamos, es necesario no estancarnos, debemos superarnos en todos los aspectos, bien lo dice la palabra: "Sean perfectos , como es perfecto su padre que esta en el cielo" (Mt 5, 48).